Por: Silvia Sosa
La categoría género ha sido ampliamente estudiada, desde diversas disciplinas, en especial desde la antropología y la sociología, su estudio ha permitido que la teoría feminista construya conocimiento en torno a la diferenciación en las relaciones sociales entre mujeres y hombres. En tal sentido, es importante precisar que la definición de género admite varias concepciones, en primer lugar al referirse a la especie, clase o tipo, en segundo lugar, el término anglosajón “gender” que significa sexo, y en tercer lugar, la distinción cultural que se hace de lo femenino y lo masculino (Lamas, 2022).
Asimismo, se ha atribuido el término género como sinónimo de mujeres, aunque en el campo académico y las ciencias sociales se usa este concepto para darle un enfoque neutral porque no se nombra directamente a las mujeres como el grupo oprimido, sin embargo, cobra gran importancia esta noción porque este concepto permite dilucidar el significado cultural dado a los sexos, y en especial, a las diversas relaciones tanto entre hombres como mujeres, de manera que al estudiar tales relaciones se recoge información sobre las mujeres pero también implica obtener información sobre los hombres.
El análisis de la categoría “género” brinda luces para destejer el entramado social desde la lógica de género dominante. Según Cabral (2009):
«El género es la interpretación de lo que significa psicológica y socialmente ser hombre o mujer, lo que define su impacto en la personalidad de los individuos y en su experiencia de vida. Es por tanto, un constructo cultural que media y traspasa desde el sentir-se, pensar-se, ser y estar en el mundo de la vida como varones y mujeres asignados diferencialmente a lo masculino y a lo femenino, según el cual se configuran identidades estereotipadas y se asumen roles construidos entre relaciones asimétricas de poder, jerarquías sociales, relaciones de dominación que excluyen, discriminan y oprimen a las mujeres como grupo subordinado.» (p. 47).
Este mundo está dominado por los hombres, y esta dominación se basa en el poder. La estructura del sistema social en la que vivimos se erige sobre la base de la forma en que estamos organizados, es decir, divididos sexual y jerárquicamente. Por tal motivo, tanto las mujeres como los hombres estamos condicionados a una determinada realidad social y a unas formas de relacionarnos, que está establecida según el sexo que nos diferencia, de esta manera, el sistema social de género dominante está cimentado en la visión patriarcal que otorga al hombre superioridad por encima de la mujer, y se hace funcional a las distintas instancias de poder y control en la sociedad.
El enfoque de género
El permanente ataque al enfoque de género o perspectiva de género, como también suele ser llamado, se debe a que las mujeres han conseguido avanzar en la consolidación y legislación de los Derechos Humanos de las Mujeres, cuyo camino ha estado repleto de obstáculos, límites y exclusiones de lo que ha constituido la experiencia humana. Históricamente se ha relegado a la mujer a un papel secundario y todo lo que hasta el momento se ha logrado para superar esta desigualdad se debe a la entereza, la voluntad y la incansable labor de luchar por parte de muchas mujeres en todo el mundo, y comienza con vigor, desde el siglo XVIII, encabezada por Mary Wollstonecraft.
El enfoque de género constituye una herramienta de análisis que ha contribuido en la construcción de la teoría feminista y desde allí se visibilizan “las relaciones de género como un elemento esencial para comprender los mecanismos que articulan las relaciones de poder basadas en la superioridad masculina a escala social” (Hernández, 2014, p. 21). Es decir, se estudia la realidad con el prisma del enfoque de género lo que permite desmontar saberes y códigos que niegan la existencia de las mujeres y su participación invisibilizada, aunque también restringida, a lo largo de la historia.
Es indudable que la manifestación de posiciones analíticas sobre las relaciones entre mujeres y hombres, pero especialmente su desnaturalización, es un duro golpe al orden social establecido. Y en este sentido, el feminismo y la teoría feminista se han propuesto “desconstruir (sic) la simbolización cultural de la diferencia sexual” (Lamas, 2022, p. 103). De esta manera, se busca visibilizar el origen y las causas que determinan las desigualdades entre mujeres y hombres, con el propósito de transformar las relaciones, prácticas y discursos que las reproducen.
Desde esta perspectiva, el enfoque de género apunta a comprender y en definitiva a transformar tanto el orden como los significados que se hallan en el sistema de género dominante que le otorga al hombre superioridad por encima de la mujer. En efecto, la construcción de análisis desde este enfoque implica admitir que existen situaciones de carácter estructural que producen desigualdad, pero este cuestionamiento no es admisible para quienes son privilegiados en el estado actual de las cosas, de manera que, se recurre al empleo de cualquier distorsión, tergiversación y manipulación discursiva que fomente y sustente el orden impuesto.
Ante esta situación, es necesario comprender que las desigualdades de género corresponden a aquellas situaciones producidas sistemáticamente en las que existen diferencias entre hombres y mujeres en cuanto a la desigual distribución y acceso a oportunidades, bienes, servicios, prestigio y poder (Astelarra, 2004). Estas situaciones que se producen precisamente en el marco de las relaciones asimétricas de poder, constituyen discriminaciones contra la mujer que derivan en violencia, mediante formas que implican ejercer control sobre el cuerpo de las mujeres, pero también, al establecer disposiciones para las mujeres en la manera de pensar, de actuar, de expresarse, que están insertas en el orden simbólico y cultural.
La ideología de género
“La ideología es un concepto que alude a una dimensión de la cultura: las creencias que sostienen los usos y costumbres” (Lamas, 2022, p. 611). Estas creencias se sustentan en un conjunto de ideas y caracterizan el pensamiento de una persona, de colectivos, de épocas, de movimientos culturales, o incluso de grupos políticos o instituciones religiosas, de esta manera, se naturaliza el orden simbólico, por tanto, una creencia se convierte en algo natural.
En tal sentido, al hablar de ideología debemos precisar que se hace referencia a todas aquellas ideas conceptos y creencias establecidas como universales, como si se tratase de una verdad irrefutable, pero que difunden y promueven los intereses de la clase social dominante. Desde la perspectiva marxista, la ideología produce una conciencia deformada y oscurecida que produce falsedades mediante procesos de inversión y ocultamiento de la realidad. (D’Odorico, 2008).
Por tanto, la diversidad de ideas en torno a las relaciones entre mujeres y hombres ha dado como fruto la conformación de ideologías de género, siendo la judeocristiana, la predominante. (Lamas, 2022). De esta manera, la ideología de género se refiere a las ideas y creencias que le otorgan un significado que naturaliza la actividad sexual del ser humano para la reproducción humana, y además, que esta sea solo aceptada moralmente entre mujer y hombre.
En las ideas y creencias contempladas en los discursos de algunos sectores relacionados con la medicina, psicología, sociología, entre otros, se asumen posiciones reduccionistas y deterministas a partir de bases biológicas sobre la división de los sexos, pero también se han apropiado de estos discursos sectores y figuras del ámbito político. De allí que surja una idea predominante como lo es la biologización del sexo como lo denomina Blanca Cabral en su libro Sexo, Poder y género (2009), cuya idea ha sido recurrente en el discurso, fundamentado en el conocimiento del cuerpo y su funcionamiento anatómico y fisiológico para censurar, distorsionar, descalificar otras dimensiones de la sexualidad humana, como el placer sexual, y en esencia del comportamiento humano.
De esta manera, los discursos conservadores y detractores del enfoque de género, de forma peyorativa se han dado a la tarea de instaurar en la mente de las personas la idea de que el enfoque de género es una ideología de género, cuando en realidad su propio discurso se sustenta sobre ideas que distorsionan y falsean la verdad, al mismo tiempo que buscan generar sensación e impacto al señalar que grupos de la población como niños, niñas y jóvenes son vulnerables y se exponen a riesgos cuando se altera el orden social impuesto.
Para citar un caso reciente
Al analizar el discurso del actual mandatario de Argentina Javier Milei en Davos 2025, en donde expone un caso de abuso sexual por parte de una pareja homosexual hacia sus hijos adoptivos (Pittaro, 2025), es preciso señalar que seguramente sea posible que realmente esta desafortunada situación la vivan muchos niños, niñas y adolescentes, pero no corresponde a la generalidad porque lo que oculta este discurso en primer lugar, es que un hecho de esta magnitud está sustentado en una relación basada en el poder que ejerce el victimario (principalmente hombre) sobre su víctima, así como también se oculta que en la mayoría de casos de abuso sexual el victimario es un varón de su entorno familiar (padre, hermano, abuelo, tío, primo, etc.) o de su comunidad (vecinos, sacerdotes, maestros, etc.) (Acuña, 2014).
En segundo lugar, el abuso sexual es una forma altamente repudiable de violencia, pero Milei establece a través de su discurso, mediante un caso aislado, que las personas de los grupos sexo-género diverso son pedófilos y que la ideología de género, refiriéndose peyorativamente al enfoque de género, constituye y respalda el abuso sexual (Pittaro, 2025). Esta afirmación sin fundamentos y forjada en ideas contradictorias, esconde que el abuso sexual se produce en el marco de relaciones de poder entre el victimario y la víctima, y es precisamente este tipo de relaciones las que se analizan, se estudian, se denuncian y visibilizan desde el enfoque de género.
En tercer lugar, el discurso apunta a la defensa de la familia tradicional, cuya retórica, desborda los discursos de los conservadores, y las razones se deben a que desde este espacio se garantiza la reproducción del trabajo de la mujer (valga decir que es un trabajo no remunerado y genera sobreexplotación de la mujer), cuya fuente de plusvalía es elemental para el sistema económico dominante, también garantiza la reproducción de la clase trabajadora, y finalmente, garantiza la cuota de poder de los hombres sobre las mujeres, que coloca a estas últimas en una posición de subordinación y dependencia de sus esposos. De esta manera, de acuerdo con Federici (2018) “la familia protege al trabajador pero también se asegura de que él o ella nunca serán otra cosa que trabajadores”. (p. 34).
Las ideas contenidas en estos discursos, no sólo conllevan una ideología de género dominante, que subordina a la mujer y promueve relaciones jerárquicas, sino que van configurando en la psique social un conjunto de esquemas de representación cultural que tienden a ser generalizadores y simplificadores de la realidad. Es decir, construyen estereotipos de género para asignar atributos, rasgos y características a las mujeres y los hombres.
Los estereotipos de género construidos sobre un conjunto de ideas preconcebidas pretenden encajar de manera errónea al conglomerado de mujeres y hombres, sin considerar la personalidad individual (Cabral, 2009). De esta manera, en un orden social que subordina las mujeres a los hombres, los estereotipos de género cumplen la función de regular las relaciones y las prácticas encaminadas a preservar ese orden, así como las desigualdades y discriminaciones que de ellas derivan.
A modo de conclusión
El género en su definición del conjunto de creencias, facultades y normativas que establecen culturalmente lo femenino y lo masculino, es también una categoría de análisis que permite cuestionar la significación cultural de los sexos, las relaciones y prácticas construidas en torno a lo femenino y lo masculino. Por tanto, el enfoque de género, que no es una ideología porque sienta sus bases en el rigor de las ciencias sociales y los estudios desde el feminismo, abre el camino hacia la posibilidad de transformar las estructuras, relaciones y prácticas que promueven desigualdad entre hombres y mujeres.
Por su parte, las ideologías de género, que se plantean como ideas, creencias irrefutables y cuya base es la función biológica de la actividad sexual y la visión moralista de la misma, determinan desde una perspectiva simplista pero ampliamente difundida el establecimiento de estereotipos de género que distorsionan la realidad y suprimen las posibilidades de transformación que se proponen desde el feminismo.
Precisamente ese es el propósito de los discursos conservadores al tergiversar e imponer una distorsión de la esencia del enfoque de género. Primero, negar el enfoque de género como un dispositivo para el análisis y la explicación de las relaciones sociales históricamente establecidas. Segundo, manipular y crear una percepción de miedo, para contener su potencial transformador como herramienta de lucha política –de educación, organización y movilización para el cambio social revolucionario-, la cual se plantea como horizonte estratégico la transformación radical de la sociedad como el prerrequisito para forjar una racionalidad y una praxis de relaciones humanas más justa y equitativa.
En sintonía con Rosa Luxemburgo, no es posible la emancipación de la mujer del yugo del patriarcado sin la erradicación del dominio del capital sobre las relaciones humanas (y tal lucha implica la unidad orgánica de hombres y mujeres), y sin la emancipación del conjunto de la sociedad respecto al capital, ya que la opresión y la explotación de la mujer –fundamental para la reproducción social-, es uno de los elementos medulares para la conservación de las relaciones sociales del sistema capitalista, y uno de los pilares de los procesos de acumulación de capital, es decir, la opresión de la mujer debe ser abolida porque se constituye como un factor decisivo para el funcionamiento y la supervivencia del orden social criminal, depredador y represivo.
Referencias:
Astelarra, J. (2004). Políticas de género en la Unión Europea y algunos apuntes sobre América Latina. Serie Mujer y desarrollo. Naciones Unidas, Santiago de Chile, Chile.
Cabral, B. (2009). Sexo, poder y Género. Tomo II. Colección heterodoxia. Serie Géneros, Editorial: El perro y la rana. Venezuela
D’Odorico, M. (2008). Karl Marx: El devenir de la “ideología” en el Estado capitalista. Comp. Moreno, O. Pensamiento contemporáneo: Principales debates políticos del siglo XX. Cuadernos del Cendes. Venezuela.
Lamas, M. (2022). Dimensiones de la diferencia. Género y política. Antología esencial. Coord. Méndez, G. 1a edición. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: CLACSO.
Pittaro, F. (2025). Milei en Davos: el discurso completo. Disponible en: https://legrandcontinent.eu/es/2025/01/25/milei-en-davos-el-discurso-completo-2/