Por: Silvia Sosa

Colectivo de Mujeres en Revolución “María Vanegas” 

El trabajo doméstico y de cuidado se hace cada vez más significativo en la actualidad, esto se debe a que las mujeres, quienes en su mayoría han sido designadas para realizar este trabajo están más decididas a generar un cambio. A pesar de que algunos gobiernos han generado políticas para reconocer y valorar el trabajo de cuidado, siguen siendo insuficientes y las mujeres están manifestándose al respecto. Tal como plantea Nancy Fraser (2016), existe una “crisis de los cuidados”, y se refiere a una contradicción del capital relevante en la actualidad, que está asociada al conjunto de presiones sobre el proceso de reproducción social que implica la posibilidad de tener hijos, construir una familia, cuidar de la madre, el padre, familiares o amigos. Dichas presiones comienzan por falta de tiempo, la necesidad de equilibrio entre familia y trabajo, la situación económica familiar, y adicionalmente con aspectos como la empatía y la sensibilidad de las personas.

A este conjunto de presiones se enfrentan hombres, pero principalmente mujeres, estas últimas realizan trabajo de cuidado que “comprende tanto el cuidado material como el cuidado inmaterial que implica un vínculo afectivo, emotivo, sentimental” (Aguirre, 2024, p. 81), también, está relacionado con distintas actividades y labores que generan un gasto de energía y tiempo para realizar las siguientes tareas que clasifica Carosio (2020):

Tareas que implican la interacción directa de las personas para lograr salud física y emocional (cuidados directos). Tareas que establecen las condiciones materiales que hacen posibles los cuidados directos (precondiciones del cuidado). Tareas de coordinación, planificación y supervisión (gestión mental). Mantenimiento físico en los entornos en los que vivimos. Fomentar las relaciones y conexiones sociales entre las personas, una forma de cuidado que ha sido nombrada como “trabajo de parentesco” (p. 66).

El trabajo de cuidado constituye todas las actividades que se realizan para que una persona reciba alimentación, tenga salud física y mental, y suficiente energía para continuar con su desarrollo, con su vida o para realizar otros trabajos. Por tanto, es un trabajo necesario e indispensable en la sociedad y en la vida de cada ser humano, sin este trabajo no es posible la reproducción de la fuerza de trabajo, y tampoco ningún otro aspecto de la vida social, la economía, la cultura, la política, entre otros.

No obstante, el trabajo de cuidado carece de reconocimiento y valoración, pero no es casual esta situación, porque la concepción del trabajo humano desde la perspectiva marxista invita a pensar esta acción desde “la idea del trabajo como la fuente principal de la producción de la riqueza, sobre todo en la sociedad capitalista.” (Federici, 2018, p. 13). Se produce riqueza porque con el trabajo se transforma e incide en la naturaleza para la obtención de un producto. Esta idea que es retomada por feministas como Silvia Federici para explicar y comprender la situación de las mujeres en torno al trabajo doméstico, es una idea que tiene un significado concreto en las relaciones de género y que, aunque no produce riqueza directamente, es el trabajo que sostiene la fuerza laboral que la produce.

En este orden de ideas, el trabajo es elemento base de la acumulación capitalista mediante la explotación de la fuerza de trabajo y la explotación de la naturaleza para la producción, pero la explotación del trabajo de las mujeres contribuye en la reproducción de la fuerza de trabajo, a través del trabajo doméstico, la sexualidad, la procreación, es decir, la reproducción de nuestra vida (Federici, 2018).

Sin embargo, es importante aclarar que no es desde el sistema capitalista desde donde inicia esta forma de dominación de las mujeres, “en muchas sociedades anteriores al neolítico, donde incluso la propiedad era todavía comunal, existían ya formas de dominación masculina para controlar el papel de las mujeres en la reproducción de la comunidad” (Gómez, 2025). A este control del trabajo de las mujeres y de los hombres, Marx lo denominó la división sexual del trabajo que constituye un “mecanismo elemental de refuerzo del sistema que proporciona características distintivas para hombres y mujeres” (Aguirre, 2024, p. 43). Este mecanismo se ha impuesto a las mujeres y a los hombres proporcionando identidad, roles, labores, ámbitos, espacios y tiempos a las formas de organización del trabajo.

De esta manera, ser mujer ha implicado que nuestra identidad esté relacionada con el trabajo doméstico y el trabajo de cuidado que se realiza en el hogar, una imposición que ha llevado a  naturalizar el trabajo de las mujeres, pero en condiciones de inferioridad respecto a los hombres en todo lo que se haga, con una sobrecarga o sobrexplotación que remite a una obligación derivada del sexo biológico, a la imposición estructural que el sistema social establece para las mujeres, que deben aceptar la recarga de trabajo en el hogar y fuera de él, a condiciones de desigualdad e injusticia, con salarios insuficientes, a trabajos precarizados e informales, entre otros.

Por su parte, los dueños del capital nunca han estado dispuestos a ceder un paso y nunca lo estarán, siempre contendrán con vehemencia las exigencias y demandas de la clase trabajadora, por más justas que sean, porque no pueden permitir que sea subvertido el orden establecido. En este sentido, se ha institucionalizado la familia para descargar sobre esta la responsabilidad del trabajo de reproducción social, es decir, descargar sobre las mujeres el trabajo de cuidado sin remuneración, creando una condición de dependencia y subordinación del trabajo remunerado ejercido por el hombre, al tiempo que propugna una crisis en los cuidados, debido a que este último implica un trabajo a tiempo completo, pero sin remuneración con la provisión de un salario que no alcanza para cubrir las necesidades materiales de la familia.

En Colombia con la creación de la Ley 1413 de 2010 se establece la Cuenta Satélite de Economía del Cuidado, en la que se determina, que cada 3 años se debe realizar la aplicación de la Encuesta Nacional del Uso del Tiempo (ENUT). De esta manera, el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), en Comunicado de prensa del 2021 plantea que: el 49 % del tiempo de trabajo de las mujeres es no remunerado. Las mujeres dedican más del doble del tiempo que los hombres a actividades domésticas y de cuidado no remuneradas.  Las mujeres dedican 7 horas y 44 minutos, en cambio, los hombres 3 horas y  6 minutos. Este trabajo representa el 30% del tiempo de las mujeres y sólo el 14 % del tiempo para los hombres.

“De acuerdo con el Censo 2018, en Colombia hay alrededor de 16 millones de personas que requieren cuidado o algún apoyo o asistencia” (Vicepresidencia de la República de Colombia, 2023, p. 2). Los principales grupos que requieren cuidados son: las niñas, niños y adolescentes, las personas con discapacidad y adultos mayores. El trabajo de cuidado no remunerado de estos grupos de la población, lo realizan 32,2 millones de personas, de estas, 19,5 millones son mujeres, mientras que 12,7 millones son hombres.

Desde aproximadamente dos décadas en Colombia se ha abordado en la agenda pública el tema del  cuidado y se han desarrollado acciones que fueron abriendo camino en torno a la situación del derecho al Cuidado, hasta la actualidad. En el caso del gobierno del presidente Gustavo Petro se han implementado políticas públicas como el Sistema Nacional de Cuidado que “busca reconocer, redistribuir, reducir, representar y recompensar el trabajo de cuidado remunerado y no remunerado a través de una propuesta de corresponsabilidad entre el Estado, la sociedad civil, las comunidades y el sector privado”.

En 2024 se desarrolló un amplio proceso participativo para la construcción y aprobación del documento del Consejo Nacional de Política Económica y Social CONPES 4143, que fue aprobado el 15 de febrero de 2025. Este documento no sólo constituye un hito importante como política pública del Cuidado en Colombia, sino que además recoge las esperanzas y demandas del movimiento feminista que ha luchado para poner al cuidado como centro fundamental de la vida en la sociedad. Sin embargo, actualmente esta política está siendo afectada debido a las tensiones políticas internas  en el gobierno y debilidades en la regulación legal del Ministerio de la Igualdad y la Equidad, desde donde se dirige la política pública del Cuidado. (Robledo, 2025).

No obstante, el avance hacia la transformación del sistema de cuidado no se detiene. Con la reciente aprobación de la Reforma Laboral en Colombia se plantea la formalización del trabajo doméstico remunerado y también, la ampliación de la licencia de paternidad a 12 semanas, lo cual representa una ampliación importante y mayor en relación con los pocos países que poseen esta licencia en América Latina, pero además una posibilidad trascendental de garantizar este derecho en la corresponsabilidad de los cuidados durante la maternidad y la crianza, así como un paso que avanza en la perspectiva de transformación en los sistemas de cuidado.

Por su parte, diversas organizaciones del movimiento feminista en Colombia como: Ruta Pacífica de las mujeres, Corporación Casa Mujer, Fundación Mujer y Futuro, La Red Nacional de Mujeres, entre muchas otras, además de entidades como: ONU Mujeres Colombia contemplan dentro de sus planes y agendas el cuidado como uno de los pilares y banderas de lucha de las mujeres. Por tanto, el movimiento feminista, a través de distintas acciones como campañas, la participación activa e incidencia política, la movilización, la actualización y formación permanente, la producción intelectual, así como la consolidación de alianzas estratégicas con organizaciones sociales, instituciones y organismos, promueve el cuidado como tema central.

A propósito de que el 22 de julio se conmemora el Día internacional del trabajo de cuidado, es preciso comprender que no sólo basta con el reconocimiento de este trabajo que realizamos un alto número de personas de la población mundial, es necesario comprender lo que manifiesta Federici (2018):

El trabajo de reproducción es el pilar de todas las formas de organización del trabajo en la sociedad capitalista. No es un trabajo precapitalista, un trabajo atrasado, un trabajo natural, sino que es un trabajo que ha sido conformado para el capital por el capital, absolutamente funcional a la organización del trabajo capitalista (p. 18).

La lucha feminista impulsada desde los sesenta por el reconocimiento del salario para el trabajo doméstico aún no se materializa, el capital tiene una larga deuda con el trabajo de cuidado, pero es preciso partir de la idea que no es una lucha aislada de las demás, porque si luchamos por la tierra, si luchamos contra la destrucción y contaminación del ambiente, si luchamos por los derechos humanos, es decir por una sociedad más justa, sin jerarquías y que no esté basada en la explotación del ser humano, estaremos andando en el mismo sentido.

Referencias:

Aguirre, R. (2024). Cuidados en agenda. Género, trabajo y uso del tiempo. Antología esencial. Librería latinoamericana de Ciencias Sociales. Libros de Clacso. Argentina.

Carosio, A. (2020). Migración y cuidados. Revista venezolana de estudios de la mujer. Vol. 25, Nº 54, enero-julio 2020.

Corte Interamericana de Derechos Humano (2025). Comunicado de Prensa 55/2025. La Corte Interamericana reconoce la existencia de un derecho humano autónomo al cuidado. Agosto-2025. Consultado: 07 de septiembre de 2025. Disponible en: https://www.corteidh.or.cr/docs/comunicados/cp_55_2025.pdf

DANE Colombia (2021). Comunicado de prensa. Encuesta Nacional del Uso del Tiempo (ENUT). Mayo-agosto 2021. /Septiembre 2020- agosto 2021. Consultado: 06 de agosto de 2025. Disponible en: https://www.dane.gov.co/files/investigaciones/boletines/ENUT/Cp_ENUT__mayo_agosto_2021_septiembre2020_agosto2021.pdf

Federici, S. (2018). El salario del patriarcado. Críticas feministas al marxismo. Traficantes de sueños. España.

Gómez, S. (2025). Las condiciones materiales que perpetúan la dominación sobre la mujer. Consultado: 15 julio 2025. Disponible en: https://ecofeminismobolivia.blogspot.com/2025/04/las-condiciones-materiales-que.html?spref=fb&fbclid=IwY2xjawKRYg1leHRuA2FlbQIxMQBicmlkETFNWlZNY2V1Zm5QV1lLNHdxAR66hM3Mt18ZVmgxu3FtCAJpn3BA_H_de1VqqeCGx_6PNuOKVCW7kP08bJRXfQ_aem_cevJlO7HxaDeIzT46bTUew  

Robledo, A. (2025). Sistema Nacional de Cuidado: Hacia una sociedad del cuidado. Consultado: 05 de agosto de 2025. Disponible en: https://razonpublica.com/sistema-nacional-del-cuidado-hacia-una-sociedad-del-cuidado/#:~:text=las%20personas%20cuidadoras%E2%80%9D.-,Con%20la%20creaci%C3%B3n%20del%20Sistema%20Nacional%20de%20Cuidado%20se%20busca,comunidades%20y%20el%20sector%20privado.

Vicepresidencia de la República de Colombia (2023). Nota conceptual sobre el cuidado como derecho, desde el gobierno colombiano. Consultado: 06 de agosto de 2025. Disponible en: https://corteidh.or.cr/sitios/observaciones/OC-31/6_colombia.pdf